Para comprender qué es la terapia sexual, conviene verla como una intervención psicológica especializada para abordar dificultades relacionadas con el deseo, la excitación, la erección, la eyaculación, el orgasmo, el dolor, la ansiedad o la intimidad. No consiste en “rendir mejor” ni obliga a realizar prácticas sexuales. La evaluación debe considerar factores psicológicos, relacionales, médicos, farmacológicos y socioculturales.