María de los Ángeles Sanz Ruiz, Psicóloga General Sanitaria

María de los Ángeles Sanz Ruiz

Psicóloga General Sanitaria · COPAO AN 12933
Actualizado el 8 de septiembre de 2026

Idea clave

El objetivo no es conseguir que un adolescente autista tenga “muchos amigos” ni que se relacione de una forma considerada típica. Lo importante es que pueda reconocer qué relaciones le hacen bien, encontrar formas de conexión compatibles con su manera de ser, poner límites y pedir ayuda cuando una amistad deja de ser segura o recíproca.

La adolescencia hace que las amistades cambien. Ya no basta con coincidir en el parque o sentarse juntos en clase: aparecen grupos, códigos compartidos, bromas internas, mensajes, planes improvisados, confidencias, lealtades, conflictos y reglas que muchas veces nadie explica. Para un adolescente autista, esa complejidad puede ser estimulante, confusa, agotadora o todo a la vez.

Algunas familias consultan porque su hijo dice que no necesita amigos y pasa casi todo el tiempo solo. Otras porque quiere pertenecer desesperadamente, pero termina sintiéndose rechazado. También vemos adolescentes que tienen una amistad muy importante y están satisfechos, aunque los adultos crean que “deberían socializar más”. Y otros que parecen integrados en el instituto, pero llegan a casa exhaustos por el esfuerzo de camuflarse para encajar.

La investigación actual confirma algo esencial: las experiencias de los jóvenes autistas con sus iguales son muy heterogéneas. Una revisión sistemática publicada en 2026 encontró, en conjunto, menor participación y aceptación entre iguales, pero también una gran variabilidad según edad, habilidades, contexto, compañero y factores emocionales. Por eso conviene huir de dos estereotipos opuestos: “las personas autistas no quieren amigos” y “todo adolescente necesita un gran grupo para estar bien”.

¿Querer estar solo es lo mismo que sentirse solo?

No. La soledad elegida puede ser descanso, disfrute y regulación. La soledad no deseada implica una distancia entre las relaciones que una persona tiene y las que le gustaría tener. Esa diferencia es mucho más importante que contar cuántos amigos aparecen en una agenda.

Ejemplo: Daniel tiene 15 años, un amigo con quien juega online dos tardes por semana y no quiere ir a fiestas. Cuando su madre le pregunta si se siente solo, responde que no. Forzarle a ampliar su círculo solo porque “un adolescente debería salir más” puede crear un problema donde él no lo percibe.

Otro ejemplo: Sara también pasa muchos recreos sola, pero cada domingo por la noche pregunta llorando por qué nadie la incluye en los planes. Desde fuera ambas situaciones parecen “pocos amigos”; desde dentro son completamente distintas.

Tres adolescentes conversando juntos en el patio del instituto
El bienestar social no depende únicamente del número de amistades, sino de la calidad de las relaciones y de si responden a lo que el adolescente desea.

Por qué las amistades pueden complicarse al llegar a la adolescencia

En la infancia, muchas relaciones se sostienen mediante actividades compartidas. En la adolescencia aumenta el peso de la conversación, la intimidad, los matices, la reputación dentro del grupo y las reglas implícitas. Todo ello puede aumentar la demanda de comunicación social.

Los grupos son menos explícitos

Entrar en una conversación, detectar cuándo una broma deja de ser divertida o entender por qué alguien responde “vale” de determinada manera puede depender de matices muy sutiles.

Las relaciones se vuelven más negociadas

Hay que repartir tiempo entre distintas personas, tolerar que un amigo también tenga otros amigos y reparar malentendidos sin que nadie explique exactamente cómo.

La comparación social aumenta

El adolescente observa quién sale, quién recibe mensajes, quién tiene grupo y quién parece “encajar”. Esa comparación puede afectar a autoestima aunque tenga relaciones que sí son valiosas.

El coste de adaptarse puede crecer

Ensayar frases, vigilar gestos, copiar intereses ajenos o esconder necesidades sensoriales puede facilitar la integración externa mientras aumenta el agotamiento interno.

Dos adolescentes conversando mientras caminan por el pasillo del instituto
Muchas reglas de las amistades adolescentes no se enseñan de forma explícita; se espera que los jóvenes las infieran mientras cambian constantemente.

Señales de que una amistad o la vida social están generando demasiado coste

Estas señales no significan necesariamente que exista un problema grave. Sirven para abrir una conversación y comprender mejor qué está ocurriendo.

Sentirse siempre fuera del grupo

Puede estar físicamente presente pero no saber cómo participar, enterarse tarde de los planes o sentir que los demás comparten códigos que él no comprende.

Agotamiento después de socializar

Necesitar descanso no implica que la relación sea mala. Pero si cada encuentro exige días de recuperación, merece la pena revisar qué parte resulta tan costosa.

Malentendidos que no sabe reparar

Un comentario directo, una ironía mal interpretada o una respuesta tardía a un mensaje pueden convertirse en un conflicto si el adolescente no sabe qué pasó ni cómo aclararlo.

Relaciones muy intensas o desequilibradas

Puede depositar toda su necesidad de conexión en una sola persona, tolerar conductas que le incomodan por miedo a perderla o asumir que una relación muy intensa es automáticamente una relación segura.

Miedo constante al rechazo

Revisar mensajes una y otra vez, pensar durante horas qué quiso decir alguien o aceptar planes que no desea pueden relacionarse con ansiedad además de con autismo.

Cambio emocional persistente

Tristeza, irritabilidad, abandono de actividades, rechazo escolar o autocrítica intensa requieren mirar más allá de “le cuesta hacer amigos”.

Infografía sobre señales relacionadas con amistades y autismo en la adolescencia
Sentirse fuera del grupo, agotarse tras socializar o tener dificultades para reparar conflictos son experiencias que conviene comprender en su contexto.

No toda dificultad social necesita “entrenamiento en habilidades sociales”

Existen programas estructurados para enseñar habilidades relacionadas con conversación, manejo de burlas o planificación de encuentros. Algunos han mostrado beneficios, y el manual de intervención de 2024 que hemos utilizado como base clínica revisa programas como PEERS y Children’s Friendship Training. Sin embargo, eso no significa que cualquier adolescente autista necesite aprender a comportarse de una manera más típica.

Una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos de grupos de habilidades sociales en adolescentes autistas encontró efectos positivos en algunas medidas, pero también señaló limitaciones metodológicas y la importancia de comprobar si las mejoras se trasladan a la vida cotidiana. La pregunta adecuada es: ¿qué quiere mejorar este adolescente y para qué?

Podemos practicar cómo aclarar un malentendido, cómo decir que no o cómo entrar en un grupo si el joven quiere aprenderlo. Pero no deberíamos utilizar la intervención para eliminar gestos, forzar contacto visual, imponer intereses “normales” o enseñar a soportar relaciones dañinas con tal de parecer integrado.

Amistades intensas: cercanía no siempre significa reciprocidad

Una amistad muy intensa puede ser maravillosa. El problema no es la intensidad, sino el desequilibrio: cuando una persona decide siempre, ridiculiza, amenaza con romper la relación para obtener algo, exige disponibilidad constante o convierte el cariño en una condición para obedecer.

Algunos adolescentes pueden tener más dificultad para identificar cuándo una relación ha dejado de ser recíproca, especialmente si tienen mucho miedo a quedarse solos o interpretan literalmente frases como “si fueras mi amigo harías esto”. NICE incluye la vulnerabilidad a explotación o abuso entre los aspectos de riesgo que los profesionales deben tener en cuenta en jóvenes autistas.

Ejercicio 1 · mapa de relaciones

¿Cómo me siento con cada persona?

En lugar de clasificar a la gente en “amigos/no amigos”, dibuja varios círculos alrededor de tu nombre. Coloca a las personas según cómo es realmente la relación.

Círculo cercanoPersonas con las que puedo ser yo, decir que no y pedir ayuda sin miedo.
Amistad o compañerosPersonas con las que estoy bien, aunque no comparta cosas muy personales.
Estoy conociendoMe caen bien, pero todavía necesito tiempo para saber si son personas de confianza.
Necesito límitesRelaciones que me dejan incómodo, agotado, culpable o presionado con frecuencia.

El objetivo no es juzgar a las personas rápidamente, sino notar cómo funciona la relación para ti.

Conflicto, amistad desequilibrada o acoso: no son lo mismo

Todos los amigos discuten alguna vez. Un conflicto puntual suele permitir hablar, reconocer responsabilidades y reparar. Una relación desequilibrada repite un patrón donde una persona tiene mucho más poder. El acoso implica conductas dañinas repetidas o una situación de poder que dificulta defenderse.

Conflicto

Ambas personas pueden equivocarse, existe margen para escuchar y la relación puede repararse sin que nadie tenga miedo.

Desequilibrio

Una persona cede casi siempre, teme molestar, acepta cosas que no quiere o siente que debe “ganarse” el derecho a seguir siendo amiga.

Acoso

Hay humillación, exclusión intencionada, amenazas, agresión, difusión de contenido, burlas repetidas o abuso de poder. La responsabilidad de frenarlo es adulta e institucional.

Malentendido

Puede hacer daño sin intención y necesita aclaración. Un error sincero cambia cuando se explica; el acoso continúa a pesar del daño.

Un estudio español del proyecto EPINED publicado en 2024 volvió a señalar el riesgo de victimización en menores autistas. Autismo España también advierte de una vulnerabilidad elevada frente al acoso escolar y ofrece recursos específicos para familias y centros.

Si sospechas bullying, no centres la respuesta en que el adolescente “aprenda a defenderse mejor” o sea más sociable. Recoge hechos concretos, guarda mensajes o capturas cuando sea seguro hacerlo, informa al centro y activa el protocolo correspondiente. La intervención debe actuar sobre el contexto y sobre quienes ejercen o permiten el acoso.

Cómo reparar un malentendido sin convertirlo en un examen social

Reparar una relación es una habilidad útil para cualquier persona. Podemos ofrecer estructuras sin exigir que el adolescente memorice un guion perfecto.

Ejercicio 2 · reparar

Tres pasos para aclarar lo ocurrido

  1. Comprobar: «Creo que no he entendido bien. ¿Qué quisiste decir?» o «¿Te molestó lo que dije?».
  2. Explicar sin justificarlo todo: «No era mi intención hacerte sentir mal. Yo estaba intentando decir…».
  3. Acordar el siguiente paso: «¿Cómo podemos arreglarlo?» o «La próxima vez prefiero que me lo digas directamente».

Si la otra persona se burla, amenaza o utiliza la conversación para presionar, quizá el problema ya no sea una simple dificultad para reparar.

El agotamiento social también cuenta

Una tarde con amigos puede ser agradable y cansada a la vez. Hablar, seguir varios hilos de conversación, soportar ruido, interpretar señales y vigilar la propia conducta puede requerir mucha energía. El cansancio no invalida el disfrute.

Adolescente descansando en su dormitorio mientras mira el móvil
Recuperarse después de socializar puede ser una necesidad legítima. No todo tiempo a solas es aislamiento problemático.
Ejercicio 3 · energía social

Antes, durante y después

Durante una semana, puntúa de 0 a 10 tres cosas después de cada plan social: disfrute, esfuerzo y necesidad de recuperación. Añade una nota sobre el contexto: número de personas, ruido, duración, si podías marcharte cuando querías y si sentías que podías ser tú mismo.

El objetivo es descubrir qué tipos de encuentros nutren y cuáles consumen demasiada energía. A veces el ajuste no es “salir menos”, sino quedar con una persona en lugar de ocho, elegir un lugar más tranquilo o acortar la duración.

Las amistades online también pueden ser amistades reales

Para algunos adolescentes autistas, escribir permite más tiempo para procesar, reduce señales no verbales simultáneas y facilita encontrar personas con intereses compartidos. Una revisión sistemática sobre tecnologías de comunicación en personas autistas encontró beneficios potenciales como mayor control sobre la interacción y conexión con comunidades afines, aunque la evidencia todavía es preliminar y también existen riesgos.

No conviene despreciar una amistad simplemente porque ocurre online. Sí conviene enseñar seguridad digital igual que enseñamos seguridad fuera de internet: proteger datos personales, desconfiar de peticiones económicas o sexuales, no compartir imágenes íntimas, verificar identidades antes de encuentros presenciales y pedir ayuda si alguien amenaza, presiona o intenta aislarle de otras personas.

Una regla útil: una relación segura permite decir «no», cambiar de opinión y tomarse un tiempo sin recibir amenazas, chantaje o humillación. Esto vale tanto para una amistad en el instituto como para una amistad online.

Qué pueden hacer los padres sin interrogar ni invadir

Cuando un adolescente ha sufrido rechazo, los padres suelen querer saberlo todo para protegerle. Pero preguntas como «¿con quién has estado?», «¿qué te han dicho?» y «¿por qué no les contestaste?» pueden sentirse como otro examen después de un día socialmente exigente.

  • Pregunta por la experiencia, no solo por la conducta: «¿Has estado cómodo?» puede dar más información que «¿has hablado con alguien?».
  • No dramatices cada conflicto: si todo desacuerdo se convierte en una emergencia familiar, puede dejar de contar lo que ocurre.
  • No critiques automáticamente a sus amigos: ayuda a analizar conductas concretas y deja espacio para que forme su propio criterio.
  • Practica límites en casa: poder decir «ahora no quiero hablar» o «eso no me gusta» en un entorno seguro facilita usarlos fuera.
  • Respeta su definición de una buena vida social: una amistad profunda puede ser suficiente.
  • Mantén abierta la puerta: «Si alguna vez alguien te presiona o te hace sentir miedo, puedes contármelo aunque hayas hecho algo que te dé vergüenza».
Madre escuchando con atención a su hijo adolescente durante una conversación en casa
Escuchar sin convertir cada conversación en una lección aumenta la probabilidad de que el adolescente pida ayuda cuando realmente la necesite.

Qué puede hacer el instituto para facilitar pertenencia

La pertenencia no se crea obligando a participar en dinámicas grupales. El centro puede ofrecer oportunidades más accesibles: clubes basados en intereses, grupos pequeños, proyectos con roles claros, espacios tranquilos durante recreos, adultos de referencia y una respuesta firme ante el acoso.

En el artículo sobre autismo en el colegio explicamos con más detalle cómo adaptar el entorno. Para las amistades, hay un elemento adicional: los compañeros también forman parte de la intervención. NICE contempla la mediación entre iguales en intervenciones de comunicación social para edad escolar, y las revisiones recientes apoyan seguir estudiando intervenciones que aumenten participación real, no solo puntuaciones en pruebas de habilidades sociales.

Dos adolescentes colaborando en un proyecto creativo en una biblioteca
Las actividades compartidas y los intereses comunes pueden crear contextos sociales más naturales y con menos presión que “hacer amigos” como objetivo abstracto.

Qué hacemos en consulta cuando las amistades están causando sufrimiento

No empezamos preguntando «¿qué habilidad social le falta?». Primero intentamos comprender el problema desde la perspectiva del adolescente: ¿quiere más relaciones?, ¿qué significa amistad para él?, ¿qué situaciones le confunden?, ¿hay ansiedad?, ¿masking?, ¿rechazo?, ¿una relación concreta que le preocupa?, ¿dificultades de atención o impulsividad?, ¿acoso?

Podemos trabajar interpretación de situaciones ambiguas, comunicación directa, solución de conflictos, asertividad, límites, tolerancia a la incertidumbre y estrategias para iniciar o mantener relaciones cuando esos son objetivos elegidos por el joven. También podemos explorar ansiedad, autoestima o estado de ánimo si la soledad ha empezado a afectar a otras áreas.

Cuando existe TDAH además de autismo, la impulsividad, olvidar responder, interrumpir o regular emociones puede añadir dificultades propias. En esos casos es útil integrar lo explicado en autismo y TDAH en niños y adolescentes, en lugar de atribuir cada conflicto a una sola condición.

Infografía sobre apoyos para amistades y autismo en adolescentes
Los apoyos pueden incluir relaciones seguras, tiempo de recuperación, límites, frases para aclarar malentendidos, apoyo escolar y acompañamiento profesional cuando hace falta.

Cuándo la soledad merece atención clínica

Sentirse solo algunos días forma parte de la experiencia humana. Nos preocupa más cuando el malestar es persistente, el adolescente pierde interés por actividades, deja de ir al instituto, duerme o come peor, se culpa constantemente, expresa que nadie le querrá nunca o se aísla aunque desee conexión.

Una revisión cualitativa de 2024 sobre bienestar psicológico en jóvenes autistas subraya la importancia de escuchar directamente sus propias perspectivas, no solo las de adultos que les rodean. Esto es especialmente importante en amistad: lo que una familia considera “poca vida social” puede ser suficiente para el adolescente, mientras que una integración aparente puede esconder mucha soledad.

Si aparecen autolesiones, ideas de muerte o comentarios sobre no querer seguir viviendo, no lo reduzcas a un problema de amistades. En España, la línea 024 ofrece atención ante conducta o ideación suicida y el 112 atiende emergencias. En Gibraltar, el GHA Mental Health Crisis Service está disponible 24/7 a través del 111; ante una emergencia inmediata, 999.

Preguntas frecuentes

¿Las personas autistas quieren tener amigos?

Muchas sí, otras prefieren pocas relaciones y algunas disfrutan de mucha soledad. El deseo de amistad varía entre personas y también a lo largo de la vida. El autismo no permite asumir de antemano cuánto contacto social desea alguien.

¿Es malo que un adolescente tenga solo uno o dos amigos?

No. Si esas relaciones son seguras y satisfactorias y el adolescente no se siente solo, el número no es un problema en sí mismo.

¿Hay que obligarle a ir a fiestas o actividades sociales?

Obligar suele aumentar presión y no garantiza conexión real. Es más útil explorar qué tipo de situaciones sí le interesan y ajustar tamaño, duración, ruido y posibilidad de retirarse.

¿Cómo sé si una amistad es desequilibrada?

Conviene mirar patrones: miedo a decir que no, culpa frecuente, control, amenazas de abandono, burlas, demandas constantes o que una persona sea siempre quien cede. Una relación sana admite límites y desacuerdos.

¿Las amistades online son menos válidas?

No necesariamente. Pueden proporcionar conexión real y ser especialmente accesibles para algunas personas. Necesitan las mismas conversaciones sobre reciprocidad, límites y seguridad que las relaciones presenciales, además de protección de privacidad y riesgo digital.

¿Un programa de habilidades sociales puede ayudar?

Puede ser útil cuando responde a objetivos concretos del adolescente y utiliza práctica en contextos relevantes. No debería orientarse a ocultar rasgos autistas ni a imponer una forma única de socializar.

¿Qué hacemos si sospechamos acoso?

Recoge información concreta, escucha sin culpar al adolescente, conserva evidencias digitales cuando proceda e informa al centro para activar su protocolo. El acoso es una responsabilidad del entorno, no una consecuencia que el joven deba resolver aprendiendo a “encajar mejor”.

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No se trata de enseñar a encajar a cualquier precio

Si las amistades están generando ansiedad, soledad, conflictos repetidos o dudas sobre cómo acompañar, podemos ayudar a comprender qué está ocurriendo y trabajar objetivos concretos respetando la personalidad y las preferencias del adolescente.

Fuentes y lecturas recomendadas

Artículo divulgativo. No sustituye una valoración individual. Las amistades, la soledad y el bienestar social deben comprenderse desde las preferencias, el contexto y las necesidades de cada adolescente, no desde un modelo único de “normalidad” social.

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